
El día 15 de marzo, según la tradición oral del pueblo de Acatempan, se llevó a cabo el encuentro entre las tropas del general Guerrero y las de Agustín de Iturbide, y fue durante este encuentro que según dicen se efectuó el abrazo de Acatempan entre ambos caudillos, lo cual originó la fusión de las tropas y el surgimiento del Ejercito de las tres Garantías, que se llevó a cabo en el poblado de Teloloapan.
Poco a poco el fuego se acrecentaba, las palabras del cura Hidalgo se volvían profecía con el paso del tiempo: “…El combustible es mucho, y el incendio no se apagara fácilmente” , en efecto, la llama que el cura Hidalgo encendió en 1810 seguía latente; cada día más gente, así insurgentes como realistas, se unían a las tropas del ejercito trigarante, al grado que el Virrey Apodaca comenzó a desesperarse.
Sin embargo, existía también una gran decepción por parte de los conspiradores absolutistas de la profesa, al saber que el elemento por ellos escogido para la realización de sus proyectos proclamaba juntamente con la Independencia de México el establecimiento de un régimen constitucional adaptable al país, y que la condición precisa para que Fernando VII o alguno de los infantes ocupase el trono Mexicano sería la de jurar la constitución que formasen las Cortes del nuevo imperio.
Puesto que según sus planes, el movimiento no consistía más que en proclamar la independencia llamando a un príncipe de la familia real española para ocupar el trono, el cual establecería sin duda alguna el régimen autoritario y despótico que acababa de derrumbarse con estrépito. De esta manera, el Plan de Iguala desvanecía sus ilusiones, trastornaba sus planes, volvía contra ellos los elementos que habían preparado de antemano, y por todo esto, irritados y rencorosos, se unieron al gobierno en la tarea de reprimir al nuevo y poderoso enemigo que acababa de saltar a la arena.
Los militares realistas que se unieron al nuevo ejército fueron: José Joaquín de Herrera, Mariano Paredes y Arriaga, Anastacio Bustamante, Manuel Gómez Pedraza, Luis Cortazar, Juan José Miñón, Vicente Filisola, Valentín Canalizo, Miguel Barragán, Antonio López de Santa Anna30 , Pedro Celestino Negrete y Martín Caneda. Los insurgentes en el sur que apoyaron a Guerrero y reconocieron en Iturbide a su jefe Militar fueron: Nicolás Bravo, Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado y el igualteco Don Francisco Hernández, que fue ascendido al grado de general.
El 3 de junio aconteció la muerte de un valiosísimo elemento en la lucha de la insurgencia, Pedro Asencio de Alquisiras, quien había peleado en inumerables ocasiones en el nombre de su patria al lado del General Vicente Guerrero, Cayó en el campo de batalla, victima de un machetazo que le propinó el español Francisco Aguirre. Por ordenes de General Huber su cabeza fue llevada a Cuernavaca para ser expuesta ante la gente, con la intención de intimidar a los rebeldes, pero poco intimidaron a nuestros antepasados las salvajadas que los españoles cometían, la llama inmarcesible de la libertad ardía en el pecho de cada mexicano, y estaban dispuestos a dar la vida por la patria.
El 5 de junio de 1821 el virrey Apodaca suspendió la libertad de prensa con el fin de que los ciudadanos Mexicanos no recibieran más información sobre los avances de la independencia. El día 30 de julio de 1821, llega al puerto de Veracruz Don Juan O´Donojú a bordo del navío Asia, procedente del puerto de Cádiz con fecha del 30 de mayo. Don Juan era el nuevo virrey teniente general del ejército español. Al principiar el año de 1821 O´Donojú era jefe de las armas en Sevilla, y elegido por los conspiradores para que acaudillase el movimiento de restauración constitucional, rehusó admitir el mando que se le ofrecía, sin embargo, fue escogido por los hombres que entonces gobernaban en la metrópoli para que sostuviese con energía los principios constitucionales en la más importante de las colonias españolas, su obligación era aceptar. El nuevo virrey estaba destinado a cerrar la larga cadena de gobernantes que había enviado España a lo largo de tres siglos, y a presenciar la agonía y la muerte de una dominación que fundó el admirable arrojo de Cortés.
La situación que hallaba el nuevo gobernante no podía ser más pavorosa, pues exceptuándose México, Veracruz, Durango, Chihuahua, Acapulco y la fortaleza de San Carlos de Perote, toda la Nueva España se encontraba libre del dominio español. Viendo esta situación, O´Donojú le envía dos cartas a Iturbide, una oficial y la otra particular, por medio de las cuales acuerdan reunirse en la villa de Córdoba.
El primer jefe del ejército llegó a Córdoba al anochecer el 23 de Agosto; el pueblo salió en masa a recibirlo, estaban de fiesta al tener la presencia de tan grande héroe en la pequeña villa, desenganchó Iturbide las mulas de su carruaje y sustituyéndolas con la fuerza de sus brazos, lo llevo así hasta el alojamiento que había preparado, iluminando los vecinos sus casas y aclamando entusiasmados a su huésped.
O´Donojú había llegado a la villa en la mañana del día 23. En presencia de una gran multitud Iturbide y O´Donojú se abrazaron y dieron muestras de cordial amistad, y el primero pasó en seguida a saludar a la señora O´Donojú.
Al día siguiente, 24 de agosto, después de oír misa ambos jefes, Iturbide acompañado de su secretario Domínguez Manzo, se dirigió al alojamiento de O´Donojú, y antes de tratar el asunto que ahí los tenía reunidos y que era de importancia excepcional, le dijo:
-“Supuestas la buena fe y armonía con que nos conducimos en este negocio, creo que será muy fácil cosa que desatemos el nudo sin romperlo”
Los asuntos del tratado y sus principales puntos fueron resueltos con prontitud, siendo que no eran más que la confirmación del plan de Iguala, con la modificación de que si Fernando VII o los infantes se rehusaban a tomar el trono, los diputados de la junta provisional gubernativa podían elegir un monarca.
El día 13 de septiembre se reunieron en la ciudad de México el entonces aun virrey Apodaca, Iturbide y Juan O´Donojú para acordar los actos que se llevarían a cabo para dar por terminados los tratados de Córdoba.
El día 25 de ese mismo mes, don Juan O´Donojú asume el virreinato con todos los honores acostumbrados, pero con su mente intranquila, puesto que sabía la situación que el país estaba atravesando y que no le duraría mucho el gusto de estar en el poder.
El jueves 27 de septiembre de 1821, a 217 días de su proclamación en Iguala, el ejercito trigarante entró muy ufano a la ciudad de los palacios, la cual estaba ataviada de la mejor manera que es posible imaginarse, adornadas todas las fachadas con los colores de la bandera confeccionada en Iguala por el humilde sastre Don Magdaleno Ocampo, la bandera trigarante era sostenida muy en alto, y ondeaba a plenitud.
Después de la entrada del ejercito, O´Donojú e Iturbide presenciaron el desfile de las tropas libertarias. Posteriormente se dirigieron a la catedral primada de México, donde se llevaron a cabo las solemnes celebraciones litúrgicas de acción de gracias, por la culminación de una lucha que duró 11 años; con este acto quedaba prácticamente consumada la independencia de nuestro país, fruto del plan de Iguala, proclamado y firmado por Iturbide y Vicente Guerrero.










