Alvarez y el Plan de Ayutla

En el año de 1854, en el poblado de Ayutla se estaba gestando el movimiento que acabaría con el poder del dictador Santa Anna. En febrero del mismo año, Álvarez preparaba ya un levantamiento armado; para este propósito se reunió con Ignacio Comonfort, Tomas Moreno y el Gral. Eligio Romero en la hacienda de la providencia, lugar en el cual se redacto el Plan de Ayutla.

En este documento se exigía el desconocimiento de Santa Anna como presidente y la formación de una junta para nombrar presidente interino y convocar a un congreso constituyente a fin de restablecer el gobierno federal. Mientras aquello sucedía en Ayutla, aquí en Iguala estábamos a punto de perder un valiosísimo tesoro, el día 25 de marzo del año de 1854, según narra el Padre Cáceres en el archivo parroquial del templo de san Francisco de Asís su alteza serenísima, el presidente Antonio López de Santa Anna, estuvo en esta ciudad de Iguala y apadrinó la primera misa de dicho Padre.

Hasta esa fecha aun existían en la Iglesia de San Francisco un precioso monumento histórico: El crucifijo, el misal y la mesa que sirvieron para la jura de la independencia y para la celebración de la misa –misma que se realizó en la antigua capilla de palma- Sin embargo, el crucifijo y el misal se los llevó Don Antonio López de Santa Anna a la capital del país, dando a cambio $4 000 pesos que servirían para concluir las obras de construcción de la iglesia.

La mesa en donde se firmó el plan de Iguala se salvó y permaneció en esta ciudad un poco más de tiempo. A mediados del siglo XIX, Iguala era una población donde la riqueza no era desconocida, sino todo lo contrario, su alta sociedad la ostentaba sin prejuicio alguno, de esta manera quedó asentado en el diario de Madame Callegari, Alias Marie Giovanni, una distinguida viajera que era colaboradora del famoso novelista francés Alejandro Dumas. Desembarcó en Acapulco en el mes de Marzo de 1854, y al pasar por Iguala escribió en su diario:

“…Hacia el medio día notamos, en un valle que se extendía ante nosotros, pintoresco y verdeante, el encantador poblado de Iguala, perdido en un macizo de árboles que, de lejos nos parecía a nosotros, cubiertos de sudor, de polvo y abrumados de fatiga, un verdadero oasis. El sol caía verticalmente sobre nuestras cabezas: el calor era atroz. El poblado bastante grande, se compone del triple elemento que forma todo México, es decir, cabañas de indios, casas de argamasa, de tierra y de paja, y por fin, casas de piedra. Estas últimas están, especialmente, en la plaza y tienen bastante buen aspecto, por lo demás, parecen hacer cortejo al palacio o, para hablar más modestamente, al cuartel militar, que estaba habitado por el presidente y su estado mayor. Pero, junto con esa encantadora situación, a cambio de la sombra amiga que sobre ella proyectaban los árboles que la abrigan, la ciudad está llena de insectos de todas especies, e infestada de escorpiones que se encuentran pululando bajo cada piedra que se cambia de lugar, y de arañas, que sin cesar teme una encontrar como camaradas de techo y que son aún mas peligrosas que esos escorpiones… 

Sobre la riqueza de Iguala, Madame Callegari menciona:

…Tuve razón al no ponerme encima las pobres joyas que me quedaban: no se tiene una idea, en cuestión de diamantes, de la toilette38 de las damas mexicanas. Estaban deslumbrantes de pedrería. ¿Qué hacen, quisiera yo saber, todas esas piedras en una ciudad como Iguala? ”39

Con este testimonio encontramos que Iguala siempre ha sido bella, y que nuestra gente, caracterizada por ser trabajadora y capaz, logró acumular grandes riquezas, llevando una vida plena y sin dificultades. Era por estas fechas que la iglesia de San Francisco seguía en construcción, y el pueblo entero, ofreciendo a manos llenas su empeño y trabajo, colaboraron en dicha obra, derramando sobre cada piedra que fue colocada el sudor de sus frentes, y haciendo de esta manera que la iglesia cobrara vida, el Padre Cáceres presenció ésta muestra de fe, y lo afirma de la siguiente manera en el archivo parroquial:

“…Luchando con mil dificultades pecuniarias40 , hay que hacer un elogio y, esto en debida justicia, a esta población verdaderamente católica que siempre se prestó de mil maneras y de un modo decidido para haber llevado a cabo la conclusión de ésta iglesia…pues no se ha hecho este templo sino con las limosnas y donativos de toda la población…Los hombres hacían sus faenas todos los domingos en la tarde, y las señoras y las mujeres los lunes en la tarde. Todo el pueblo; hombres, mujeres y niños, ricos y pobres, todos han contribuido para la fábrica de esta iglesia…”  

El día 13 de septiembre del mismo año Iguala se ve amenazada por las tropas del gobierno, las cuales eran dirigidas por Agapito Beltrán e Higinio Revolledo, el comandante de la ciudad dijo al gobierno no tener fuerzas para resistírseles.

En 1855 su Alteza Serenísima Ordenó desde Iguala que Muñoz Ledo, Mariano Rivapalacio, Manuel Payno y Furlong, salieran de México, dando instrucciones para que se ejecutara a Don Antonio Haro y Tamariz. Santa Anna se dio cuenta de que ya no podía hacer nada para detener la rebelión en contra de su gobierno, así que salió de Iguala rumbo a la capital, dejando en su lugar para el control militar del estado al Gral. Simón Ramírez, quien junto con el Sub-prefecto Político del distrito de Hidalgo, el Profr. José Cervantes, mandaron ahorcar a varios simpatizantes de Álvarez, quemando y saqueando algunos hogares en busca de armas y parque, arrasando los cuartelesde la Cruz y xonacatl, derribando el muro del atrio de la iglesia y de sus dos arcos, quedando la población de Iguala desolada y triste, al ver el duro pago que el dictador nos dio a los Igualtecos después de recibirlo con pompa y platillo, y de ofrecerle nuestra calidez y hospitalidad
Gral. Antonio López de Santa Anna. Que nos privó de nuestro tesoro histórico.

 

 

 Durante el movimiento armado que se efectuó en contra de Santa Anna, se cuenta que en todo el estado de Guerrero se cantaba un corrido popular llamado “La guacamaya” compuesto en Ayutla, cuyos principales párrafos rezan de la siguiente manera:

Que bonita Guacamaya
tan olorosa a alcanfor,
que peleó contra Santa Anna, Chatita,
para traer a Comonfort.
¡Ay, ay, ay, ay!
Que bonita guacamaya,
azul, amarilla y verde,
que peleó contra Santa Anna, Chatita,
mi gallito nunca pierde.
¡Ay, ay, ay, ay!…

Este corrido era un “Canto de Guerra” ya que era entonado por todos los caudillos antes del combate, de manera que les infundiera ánimos y enardeciera a los combatientes. Algunos meses después de la proclama del Plan de Ayutla los combates rindieron su fruto, el día 9 de agosto Santa Anna salió de la capital rumbo al puerto de Perote, Veracruz, donde renunció como presidente de la republica.

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