Corrido de Maximiliano

Existe un hermoso corrido popular guerrerense de nombre “Corrido de Maximiliano” que narra de la mejor manera que es posible imaginarse la trayectoria de este emperador en México y cuyas principales estrofas rezan de la siguiente manera:

“…Príncipe de Austria fuiste traído por engaños,
abandonaste a tu nación de Miramar…
¿Por qué dejastes esos países envidiables,
donde en unión de tu carlota ahí vivías?,
¿por qué viniste a desafiar al indio Juárez,
siendo la vez que a tu nación no la ofendía?

Al sucumbir en el cerro de las campanas
acompañado de Mejía y de Miramón,
no creas que fueron las armas republicanas
las que quitaron tu existencia en la ocasión.

Fueron aquellas que una vez en Miramar
te prometieron el imperio mexicano,
y que aceptaste sin ponerte a vacilar
y contrariastes al poder republicano.

Fue aquella ley del 3 de octubre que dictaste
y que firmaste con puño firme y tranquilo
y los primeros que con ella ejecutaste
fueron Arteaga y Salazar, hombres muy dignos.

Mas se llegó el día aquel de la venganza,
era preciso que tu sangre se virtiese,
cual se virtio la de los hijos de mi patria
allá en los campos contra belgas y franceses.

En vano fue tu noble esposa ante París
a recibir un desdén de Napoleón
en vano fue hasta el Vaticano la infeliz
sólo a perder del pensamiento la razón.

Pobre Carlota donde existes todavía,
loca y anciana, distraída y lisonjera,

en un desierto ahí entre selvas muy sombrías,
en un castillo inmediato hacia Bruselas.

Fuiste en Querétaro sitiado y aprendido,
por el valor y destreza de Escobedo,
y sentenciado a la pena de cinco tiros
según las leyes del 27 de enero.

Los capitanes de ese consejo de guerra
fue platón Sánchez un teniente coronel,
Emilio Ortega y el señor don Juan Rueda
también formaba en aquel supremo poder.

Los defensores Mariano Rivapalacio,
José Verastegui y el señor Rafael Martínez,
teniendo la orden de librarlos de aquel paso
hicieron todo lo que mas les fue posible.

Una esperanza les quedaba todavía,
era el indulto en tan terrible situación,
pero el consejo dispuso que el de arriba
fuese al cadalso con Mejía y con Miramón.

Dejando el sitio destinado para el hecho,
se colocó Maximiliano a la derecha
y a Miramón colócasele hacia el centro
y a Mejía a la voz de la siniestra.

Entonces dijo a los que presentes estaban:
¡que viva México y su gran soberanía!
y que la sangre que derramo ante sus aras
que sea la ultima que vierta en este día.

Se oyó la cruel detonación de 15 tiros
y luego un fúnebre silencio vino al fin,
aquella horrible sentencia se había cumplido
Maximiliano había dejado de existir

serían en punto las siete de la mañana,
ahí murió con Mejía y con Miramón,
y un negro humo exhalado por las armas
cubría su cuerpo como un fúnebre crespón.

Se estremeció todo el antiguo continente,
la casa de Austria se estremeció en su recinto,
porque al saber la cruel desgracia y fausta suerte
de un descendiente del famoso Carlos V.

Tal fue la tesis de que un hijo de Europa
llegó a tener tan sangriento fin su drama
y que la historia nunca borrara en su hojas
al memorable gran cerro de las campanas.
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