Prodigio Tecnológico

Ferrocarril y Desarrollo En agosto se terminó la construcción del puente del cañón de la mano, lució impresiónate en aquellos tiempos, y hoy da lastima ver como una importante joya arquitectónica de la ciudad se ha echado a perder por la falta de mantenimiento y preocupación del gobierno municipal. En septiembre llegó a esta ciudad la primera locomotora de vapor con los primeros vagones, causando asombro, espanto, y maravillando a la plebe Igualteca ante el prodigio de la tecnología, eran 237 kilómetros de vías hasta la estación de San Lázaro en la ciudad de México, estamos hablando de un tiempo de 10 horas desde la capital hasta esta ciudad, colocándola como la de mayor importancia en el estado de Guerrero.

Cuando se inauguró la llegada del tren, fue un gran acontecimiento, todo el pueblo estuvo de fiesta, se invitaron madrinas para la llegada de la primera locomotora, mismas que le arrojaron flores y confeti, entre aplausos y gritos de júbilo.

Para conmemorar este hecho, el Profr. Herminio Chávez Guerrero escribió un corrido muy bonito, que dice así:

Al fin del siglo diecinueve
vino al sur la novedad,
se oyó en Iguala de los libres
el silbido preventor,
se agrupó el pueblo entusiasmado
y vio la velocidad,
que el gran artífice ostentaba
con la fuerza del vapor.43

Al respecto del ferrocarril, Benítez Gonzáles comenta en su libro “Inmigrantes y comerciantes de Iguala durante la primera mitad del siglo XX” que con la llegada del ferrocarril la ciudad recibió una fuerte inyección para su ulterior desarrollo y que a juicio de algunos autores, dejó de ser una plaza subsidiaria de Tepecoacuilco, población que durante mucho tiempo fue el paso obligado a Acapulco y controló comercialmente toda la zona, excepto Atenango que comerciaba con las plazas de Puebla.

Así, en el lapso que va desde la llegada del ferrocarril hasta la construcción de la carretera México-Acapulco, las compras de abarrotes y otros productos para la tierra caliente se realizaban totalmente en Iguala. La “modernidad porfirista” llegaba finalmente al norte del estado, y la “tamarindera” ciudad de Iguala se consolidaba como polo económico al que acudían también a abastecerse las poblaciones de Chilpancingo, Chilapa, Tixtla, Zumpango y Mezcala, por lo que corresponde al camino con rumbo a Acapulco; por el norte acudían a surtirse Taxco y Buena vista; por el camino férreo que concluía en Balsas, las poblaciones de Cocula, Atixtlac y Apipilulco; por el rumbo oriente, Tepecoacuilco y Huitzuco. Estas poblaciones circunvecinas eligieron a Iguala como el lugar de abasto comercial, así como el centro más importante de la región. En octubre empieza a funcionar el Panteón de la ciudad, que estuvo situado en la actual alameda, en esta época, la ciudad de Iguala estaba constituida por los cuarteles de San Pedro y de la Cruz, al norte de ésta y al sur por los de San Miguel Arcángel, como lo asientan los documentos primordiales de los derechos reales.

En este mismo año, por gestiones del prefecto político Diego Flores fue sustituido el acueducto de la ciudad por una gruesa tubería de fierro colado, cuyos tramos de cinco metros de largo y enorme peso fueron traídos en tren hasta puente de Ixtla –donde terminaba la vía- y de ahí conducidos a Iguala por el C. Domitilo Parra y sus hijos utilizando su propia recua de treinta mulas pues su oficio era precisamente la arriería.44
El ferrocarril de Iguala: lo mismo causó expectación y alegría, que miedo y pánico, pues los indigenas huarachudos estaban acostumbrados a las recuas, no a un enorme “gusano de fierro” con una fuerza colosal.
 

El control de repartición de agua estaba situado en la esquina sur oeste del atrio del templo, encargándose del control de las llaves el Sr. Jesús María Velásquez Segura. Desde ese tiempo, Iguala florecía en su industria, comercio, agricultura y ganadería, al respecto, Francisco Figueroa Domenech escribió en su obra “Guía general descriptiva de la republica mexicana” que en el año de 1898:

“…Iguala contaba con algunos edificios modernos, pero el aspecto general de la ciudad era triste y anticuado, el comercio florecía encontrándose los siguientes comercios: “La antigua estrella del norte” de Tiburcio Coria, la casa de consignaciones y las fabricas de aceite y jabón de Leonardo Gómez que poseía también los carros tirados por mulas que servían para transportar mercancías y frutos, desde la estación del ferrocarril a la ciudad de Iguala…” 

En esa temporada empezaron a abrirse nuevos mesones y casas de huéspedes, lo cual no es de extrañarse debido a que el ferrocarril trajo gran actividad a esta ciudad, y cabe mencionar al Hotel Guerrero, que se encontraba justo en frente del Jardín Juárez y cuyo propietario era Daniel Juárez, dicho hotel contaba con todos los servicios, y como en Iguala pasaban por aquel tiempo personas de todo el mundo, se hablaba en el hotel Guerrero los idiomas ingles, francés y alemán, además de tener cocina internacional y cantina.

Antiguo Kiosco del Jardín Juárez (Hoy zócalo). Que fue traído de Francia y lució su esplendor desde 1900 hasta 1971

En instrucción pública sobresalía la escuela de la municipalidad, aunque también existían escuelas particulares como el “Colegio La Esperanza” de don Miguel Marín y la escuela de Rafael Castañeda. A finales de 1899, se tiene registro escrito en el tomo II del libro de Figueroa Domenech, de que en la ciudad de Iguala existían para aquella fecha 6 631 habitantes. ¡Por fin empezaba un nuevo siglo! y como menciona Catalina Pastrana en su libro “Iguala la Trigarante” en la primera campanada del nuevo siglo (que cabe suponerse se dio en la Iglesia de San Francisco anunciando el año nuevo) la ciudad fervorosa de Iguala se encontraba en la Iglesia de nuestro Santo Patrono, envuelta en su rebozo y en su gabán, agradeciendo a Dios, en la misa de gallo, la buena tierra, la buena cosecha, el maicito del Tlacolol, el chilar y los pacholitos. Iguala aun vestía de percal. Escuchaba la palabra de Dios con devoción, amontonaditos junto a la imagen del Padre Jesús, porque a través de él, sus cánticos llegaban al Padre, se elevaban al cielo envueltos en la fe45 . Como aun no había luz eléctrica, la gente y la Iglesia tenían lámparas de aceite que alumbraban tenuemente. En 1900 el prefecto político del distrito de Hidalgo era el Sr. José María Lopetegui. en este año se demolió el viejo kiosco rustico de la plaza de armas para colocar un basamento octagonal que sostendría el preciosísimo Kiosco traído de Francia y donado a Iguala por el presidente de la republica el Gral. Porfirio Díaz Mori, gracias a las gestiones de la familia Romero Rubio y Caselot, realizadas por Antonio Moronati. Se dice que los de la alta alcurnia se apoderaron del kiosco haciendo de este su lugar de descanso, y que los pobres no podían ni acercarse. Iguala tenía gente de mucha importancia en las altas esferas sociales, que se codeaban con la gente del señor presidente de la republica. Ellos eran los Cortina, los Fonseca, los Ortiz de la Peña, los Rivera y los Montufar. En la casa de Miguel Montufar llegaba don Porfirio46 .

Una anécdota curiosa cuenta que en una de las recepciones que don Miguel Montufar le ofreció a don Porfirio Díaz, el dictador quiso bailar una chileña costeña, pero las damas del salón solo bailaban el vals de “los lanceros”, así que tuvieron que ir por una dama de la servidumbre, que se dice era una joven y bella juanacateña, con la cual bailó don Porfirio la alegre melodía de la costa guerrerense, seguramente los invitados, que eran de la “alta sociedad” se quedaron boquiabiertos al ver lo que el Sr. presidente estaba haciendo, y más aun, al ver el porte, la gracia y la agilidad con la que seguramente bailó la afortunada Igualteca.

Durante la primera década del nuevo siglo, con el Gral. Porfirio Díaz en el poder, la situación hacendaría del país es floreciente; no hay déficit; no existen presupuestos mal equilibrados; tampoco deudas fiscales. Todo parece delatar el ideal financiero: crecientes reservas metálicas; persistente equilibrio presupuestal; descubrimiento de nuevas fuentes de ingresos; movimiento de riquezas nacionales; intensificación del comercio y de las industrias; mejoría incesante del crédito oficial; obras materiales fastuosas, y un superávit constante que pasa a constituirse en reserva permanente del tesoro público.

En el extranjero México es elogiado en el orden de sus finanzas y por el florecimiento de su economía. Pocos países poseen crédito más amplio, moneda más sólida, campo mejor para toda clase de negocios, mayor cuota de seguridad personal o comercial para quien resida o negocie en su territorio. Sin embargo, el desorden era permanente por tanta inestabilidad política, en 1901 el partido científico del estado de Guerrero lanzó como candidato a la gubernatura del estado al Lic. Rafael del Castillo, quien emprendió un proselitismo político que culminó con la renuncia del gobernador Antonio Mercenario el 15 de enero, así que el día 16 Don Porfirio Díaz nombró como gobernador a don Agustín Mora; obviamente la idea no le simpatizo al Lic. Castillo, quien el 8 de abril desconoció en Chilpancingo la autoridad del presidente de la republica, al día siguiente salió de Iguala rumbo a la capital el 14 batallón de infantería al mando del Coronel Alberto García; el 14 de Abril llega a Iguala procedente de México el 3er batallón al mando del Coronel Victoriano Huerta a barrer con todo rebelde que se pusiera en frente, fusiló en la cañada del zopilote a dos dirigentes del Partido Científico Guerrerense, el Profr. Elías Ramírez y el Dr. Eusebio S. Almonte. Viendo la gravedad de la situación el Lic. Castillo no lo pensó dos veces para salir del país. En este tiempo Iguala era fértil, cubierta de árboles, había agua en abundancia, cuentan aquellos que lo vivieron que bastaba cavar tres metros en cualquier parte de la ciudad para que el agua brotara a montones. Cada casa tenía un pozo ademado, en el temporal el río San Juan se desbordaba.

En 1902 el prefecto político del distrito de Hidalgo, con sede en Iguala, era el Teniente Coronel Sebastián Esquivel, jefe de operaciones militares. En este año se terminó de construir el Edificio de Moronati, que durante mucho tiempo fueron sus oficinas receptoras de muestras minerales, en su interior, lucía una preciosa escalera traída de Francia, misma que sigue en su lugar. En este año, un fuerte temblor ocurrido a las tres de la tarde asoló a la ciudad de Iguala, tirando muchas casas y la cúpula de la Iglesia de San Francisco. Ocasionando que durante medio año no hubiera misas, hasta que la restauró el Ing. Bazán, el esposo de Isabel Rueda, una mujer adinerada que ostentó el titulo de “la heredera más rica de Iguala” debido a su gran fortuna.

El 22 de agosto el gobernador Mora dejó como interino del gobierno del estado al Lic. Silvano Saavedra, quien en su administración planificó la carretera Iguala-Chilpancingo.

El 11 de diciembre tomó posesión como obispo de Chilapa el excelentísimo señor don José Homobono Anaya y Gutiérrez. Para 1903, el Sr. Roldán ocupó la prefectura política del distrito de Hidalgo, durante su gestión administrativa y con la ayuda de Antonio Moronati logró importantes beneficios para la mayoría de los poblados de su distrito. Iguala se distinguía por la aristocracia de la ciudad y la preferencia de Don Porfirio, nuestro valle se veía sin dificultades por los beneficios recibidos.

El 22 de Julio de 1903 regresa a tomar el puesto de gobernador el Sr. don Agustín Mora. Como dato curioso cabe mencionar que en Iguala al prefecto o presidente se le decía “Perfeuto” quizás porque para los Igualtecos de aquel tiempo, que tenían predominancia de rasgos indígenas se les dificultaba la pronunciación de dicha palabra. Catalina Pastrana menciona que en este siglo no se vivía en la pobreza porque casi todos eran agricultores, ganaderos, chiveros. y que la tierra les daba en abundancia el pan nuestro de cada día. Los niños nacían con la nalguita azul, que era la herencia indígena.

En el año de 1906, siendo gobernador del estado don Matías Chávez y prefecto político del distrito de Hidalgo el Sr. Daniel López Torreblanca se celebran los convenios entre el gobierno federal, el estatal y las compañías Mining & Smelting Co. S.A. y The Mexican Pacific para la concesión del proyecto del ferrocarril entre Balsas y Acapulco, lo que originó la creación del primer Banco en el estado de Guerrero, cuyas oficinas estuvieron en el edificio Moronati, donde se emitieron en papel moneda billetes de $5.00, $10.00, $20.00, $50.00 y $100.00 los cuales fueron fabricados por la Banca Neoyorquina.

En 1907 era prefecto del distrito el Sr. Don José Cuenca, y el Sr. Sabino M. Olea era presidente del consejo municipal de Iguala. El 21 de Agosto entró como gobernador del estado don Damián Flores. El 2 de octubre el excelentísimo Sr. don Francisco Campos y Ángeles, obispo de Tabasco, es trasladado a la diócesis de Chilapa, a la cual pertenecía la Iglesia de San Francisco.

En 1908 ya existían en el estado 13 ciudades, 3 villas, 325 pueblos, 154 haciendas, 450 ranchos y 872 cuadrillas. Iguala ya se contaba en las cifras de las ciudades. Durante este mismo año se comenzó a construir la Escuela Estado de Guerrero siendo Gobernador el Ing. Damián Flores. Hecho que la convierte en la primera y más antigua de la ciudad, puesto que hasta ese entonces solo existían pequeñas escuelas particulares. El 30 de julio el gobernador colocó la primera piedra de lo que sería la carretera Iguala-Chilpancingo. Por estos días se sacaron de las prisiones del estado a todos los presos, si, pero para trabajar de sol a sol en la construcción de la carretera Iguala-Chilpancingo, ¡menudo trabajo les echaron encima!, que duro pagaron los pecados cometidos, quizá estas medidas deberían aplicarse en la actualidad, para que los criminales sigan escarmentando; todos los presos estuvieron vigilados por la guardia rural y la obra estuvo dirigida por el Ing. Arturo Alvaradejo.

En 1909 el prefecto político Vital Escamilla nombró como presidente del consejo municipal al Sr. Don Ángel Noriega, dicho consejo estaba formado por los señores: Joaquín Hernández, Ignacio Olea Daza, José Maria Rueda, Felipe Rodríguez, Felipe Cuevas y Ricardo A. Martines. Quienes hicieron posible la construcción de la caja de agua y con ella llegó la equidad en la repartición de agua, ya que nadie se encargaba de abrir y cerrar las llaves. El costo de la obra fue de $127.20 cts. Iguala seguía creciendo en toda la amplitud de la palabra, fue en estas fechas que se terraplenaron las calles para volver a empedrar las lucidas y hermosas calles de Iguala, tal como lucieron en su mejor época.

Recién nacido el año de 1910, el día 1º de enero, Antonio Moronati tomó el cargo de presidente del consejo municipal de la ciudad. En febrero se lanza a la candidatura para ocupar la prefectura política del distrito de Hidalgo, dejando como presidente del consejo al Lic. Antonio Lavín. Para ese tiempo el distrito ya contaba con 32, 612 habitantes. El 30 de abril Don Porfirio Díaz fue recibido por el Gobernador Damián Flores en el poblado de Tepetlapa hoy llamado “Santa Fe”. El tren presidencial seguía su curso pasando por varias estaciones, llegando al poblado del Naranjo y finalmente a la estación de Iguala, donde se dice que el tren silbó 4 veces antes de llegar, las campanas tañeron como pocas veces, retumbando su tañer en la ciudad, los cohetes y cohetones no podían faltar, el presidente bajó de los últimos vagones – porque lo mejor siempre viene al ultimo – junto con su señora esposa, además del Sr. Gobernador y su estado mayor. Se rindieron los honores de ordenanza y se pasó revista al destacamento militar de la plaza.

Después de un sencillo y humilde programa de bienvenida que se ofreció al presidente todos se trasladaron al edificio de Moronati, donde fue servido un banquete de honor, al terminar éste, el presidente Díaz se dirigió a los que estaban presentes, con la vehemencia de su elocuencia, diciendo:

“…No acepto que se llame humilde a esta hospitalidad que me brinda la ciudad de Iguala, la conceptúo magnifica y solemne y tan cordial como la que se me ofreció en tiempos aciagos para el país. Mi cabeza puesta a precio, y yo, que tenía menos por ella que por la causa de la republica, llegue aquí desde puebla pidiendo asilo y lo encontré. Halle más aún: muchos brazos abiertos, mil corazones generosos del temple de los hijos de Galeana, los Bravo y de Guerrero, que vinieron conmigo y me fortalecieron con auxilios en cualquiera circunstancia, por eso llego contento y feliz a esta tierra de hombres valientes y laboriosos, justamente premiados con los dones de su rica naturaleza. Mi saludo es sincero, es el del amigo agradecido…” 

Después sostuvo una entrevista con los prefectos políticos y con los presidentes municipales, mientras que en el kiosco de la plaza tocaban la banda del ministerio de guerra y marina, en la noche se realizó un gran baile de gala en los patios del edificio Moronati; mientras los de la alta sociedad disfrutaban de este baile, la muchedumbre Igualteca hacía su holgorio en el llamado “Jardín Juárez” y en la Iglesia se quemaban fuegos artificiales.

El 1º de mayo don Porfirio despertó animado, pues desde muy temprano llegó al lugar donde se hospedaba, la Banda del Chile Frito junto con las demás bandas de la región, de manera que el presidente fue despertado muy a nuestro estilo, con la tradicional música de viento. Después de alegrarle un poco la existencia a don Porfirio con nuestra alegre música se sirvió un modesto desayuno en la casa del Sr. Miguel Montufar. Al salir de la casona en donde se encontraba, lo abordaron un grupo de distinguidos igualtecos encabezados por el presidente municipal, quienes le solicitaron la construcción de un monumento en el lugar donde fue proclamada la independencia.

El Gral. pidió ver el lugar, así que después de atravesar el mercado encontró el terreno abandonado, solo, triste, así que hizo la firme promesa – que de promesa no pasó – de que en cuanto llegara a la capital lo primero que haría sería dar instrucciones para que construyeran el tan anhelado monumento. Después de rendir honores en el jardín Juárez, el presidente y su esposa subieron al carro presidencial y junto con el convoy que los acompañaba salieron por la calle Romero Rubio dando vuelta por la calle real (Aldama) enfilando rumbo a Chilpancingo. A la altura de los kilómetros 136 y 137 de la actual carretera 95, una muchedumbre de los pueblos circunvecinos esperaba la caravana presidencial, y cuando el presidente llegó ahí bajó del auto para saludar a todos los que estaban, por ello ese tramo se conoce con el nombre de “Calzada Porfirio Díaz”.

El martes 3 de junio la comitiva presidencial se fue rumbo a la estación ferroviaria de esta ciudad, el tren partió a la capital, Don Porfirio se fue para no volver jamás. Harto el pueblo mexicano de la dictadura de Porfirio, se gestaba desde mucho tiempo atrás una revolución, en el sur, esta tuvo su inicio en el vecino pueblo de Huitzuco, donde los hermanos Figueroa se encargaban de juntar a las masas, para hacer algo grande de manera repentina.

Llego el día 16 de septiembre, y con el se cumplía un centenario de que inició nuestra Independencia, México no cabía de Jubilo, los gobiernos de todo el país, así el federal como los estatales y municipales, no repararon en gastos para celebrar este gran acontecimiento, fue esta celebración la mas grande y suntuosa que ha tenido México, las lagrimas de contento por ser libres cayeron en el suelo mexicano, y una vez más nuestra tierra se cubrió de gloria, pero lo más importante, el nombre de México resonó en lo largo y ancho del globo terráqueo, en cada latitud y en cada paralelo, alguna boca humana mencionó el glorioso nombre de nuestra nación, ya que los principales medios de difusión de aquella época se encargaron de dar a conocer nuestra importante celebración.

Señores, ¡¡este es México, éste es nuestro país y ésta nuestra gente, viva México !!. El día de la celebración en Iguala, después del desfile de carros alegóricos, se develó una placa que fue fijada en la pared poniente del solar vacío, el mismo donde Iturbide firmó nuestro Plan. Por estas fechas se Inauguró el servicio telefónico de larga distancia, que funcionaba en las principales ciudades de este distrito, la telefonista fue la Señorita Gertrudiz Álvarez y como mensajero Ramón Mota.

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